En mi artículo publicado en Octubre 2008, relacionado con la Organización Sistemática y la Organización Sistémica, hacía referencia a que la primera nos lleva a una visión “por partes” para entender la organización. En otras palabras, la empresa es comprendida como un conjunto de áreas que con el aporte de cada una, se van generando los resultados de negocio.
En la elaboración de estructuras organizacionales (organigramas), es común que todos pensemos partiendo del siguiente gran paradigma: ¿cuál será la estructura ideal con la que se podrá ejecutar de manera efectiva el plan estratégico de negocios de la compañía? Es lógico que todos pensemos de esa forma, ya que diseñar una estructura es un requisito sine qua non, luego de definir las metas y objetivos, y finalmente escoger las personas y los equipos que tendrán la responsabilidad según corresponda de ejecutar las acciones para el logro de los objetivos de negocio.
En lo que deseo llamar la atención, es en que, independientemente de las estructuras que sean definidas, partiendo de la lógica y el sentido común, es necesario que las personas comprendan que en esas estructuras, es también un requisito sine qua non, el que entendamos quiénes son, independientemente del área funcional, las personas con las que debo establecer las relaciones de ejecución efectiva, que tienen responsabilidades afines a mis objetivos, o los de mi área, y que haciendo un modelo de asociación, se logrará superar de manera efectiva las barreras entre áreas funcionales, que muchas veces, son obstáculos sin valor agregado, que imposibilitan que los restultados extraordinarios lleguen. Es acá donde hay una gran oportunidad para abordar el trabajo en equipo, y que éste sea parte de una cultura organizacional diferente, dándose entonces, un elemento diferenciador muy poderoso de cara a nuestros competidores, y que resultaría dificil de imitar, ya que generalmente estos elementos son difíciles de visualizar, al ser abstractos y muchas veces poco etendidos.